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Archivos de la categoría ‘Sancti Spiritus’

ImagePor: Elisdanys López Ceballos

Se nos ha vuelto costumbre a los espirituanos el ser obviados en algunos de los acontecimientos que ocurren nacionalmente. Bajo el estigma que nos clasifica como una provincia pasiva y rezagada, ya no ponemos reparos si olvidan mencionarnos en una canción, evento, gira o cualquier suceso que atañe al resto del país. Ahí quedamos nosotros, en el anonimato, con el dolor que implica el no vernos reconocidos como cualquier otro lugar de Cuba. Con esperanzas de inclusión desando los entramados de un mundo cultural ante el cual, más de una vez, hemos pasado desapercibidos.

Fatalismo geográfico

Tal vez la cercanía conspire contra el organismo que tiene como su objeto social mercantilizar el talento artístico en el territorio. Así, la Empresa Provincial Comercializadora de la Música y los Espectáculos en Sancti Spíritus lleva en su currículum las críticas más severas de sus coterráneos.

Ante la ausencia del artista anunciado o la omisión de la provincia en los itinerarios de giras nacionales, los juicios de los realmente afectados arremeten sin piedad, aunque pudieran errar en la selección del objetivo.

“El paso de cantantes por aquí se gestiona a través de dos vías: la primera sale por giras nacionales, programada y presupuestada por el Instituto Cubano de la Música; la segunda es a partir de contratos que podemos hacer nosotros desde acá, siempre que el artista esté disponible y resulte rentable para nuestra entidad”, aclara Abelardo Olmo Jas, Director de la Empresa Provincial Comercializadora de la Música y los Espectáculos.

El funcionario explica cómo la decisión de los lugares que visitará un cantante en sus recorridos por el país depende del Instituto Cubano de la Música, siempre que el espectáculo salga por giras nacionales. A partir de una programación previa hecha en La Habana, quedan seleccionados los espacios “bendecidos” para recepcionar el talento artístico nacional.

Hasta parecería que excluir a Sancti Spíritus deviene requisito para aprobar cualquier campaña publicitaria. El salto que va de Ciego de Ávila a Santa Clara resulta habitual para los lugareños siempre que anuncian el paso de un cantante, agrupaciones musicales y compañía de teatro o ballet por el territorio. Lo cierto es que el público merece y desea ver sus necesidades culturales cubiertas en ésta, la más central de las provincias.

 Más allá de explicaciones y errores resulta válido distinguir que el territorio está “renaciendo” poco a poco, sobre todo después de la reapertura del Teatro Principal, institución que en disímiles ocasiones devino justificante para omitir a la villa espirituana de los itinerarios culturales del país.

Así hemos disfrutado recientemente de la Camerata Romeu y la Orquesta Sinfónica de Oriente, sin contar las visitas de cantantes populares a la Plaza Cultural.  De cualquier manera la marca del olvido está fresca aun para los espirituanos, tal vez las listas  contengan un número considerable de nombres conocidos cuya presencia en Santi Spíritus se haya materializado; sin embargo, quedan muchas necesidades por suplir.

Toca a quienes deciden desde cualquier estrato considerar las posibilidades; por lo pronto confirmo que la ciudad del Yayabo continúa en el mapa: una aclaración permitida, dado el extraño caso de que alguien lo haya olvidado…

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Por Gisselle Moralez

Al igual que en el resto del país, más de 7 000 espirituanos han asistido desde el 25 de julio a la proyección de Habanastation, el suceso fílmico de este verano. Ante la avalancha de espectadores, sin precedentes en los últimos años, se continuará exhibiendo en todos los municipios

Es una película para ver más de una vez, cuando ya ha pasado el deslumbramiento iniciático y uno puede darse el lujo de analizar, concienzudamente, los planos memorables. Antes no sería un examen objetivo, como no se puede ser objetivo nunca con la poesía o con las metáforas.

Eso es exactamente Habanastation: una metáfora, un poema épico posmoderno, un filme que se resiste a las definiciones con la misma irreverencia con la que prescinde de moralejas aleccionadoras. Sin pretensiones de catequista, Ian Padrón, su director, no hace más que enseñarnos La Habana, esa analogía de la Cuba real donde el simple hecho de vivir reviste dimensiones entre lúdicas y trágicas.

La historia pudiera parecer convencional: dos niños crecidos en contextos sociales divergentes, al más puro estilo El príncipe y el mendigo, confluyen ¿por azar? tras un desfile del Primero de Mayo, momento en que la percepción del mundo empieza a cambiar irremediablemente para ambos.

Sin embargo, más allá del argumento tratado en otras oportunidades por el celuloide con mayor o menor acierto, la película se erige en oda a la amistad, al retorno constante a los orígenes y hasta a esa dosis de ingenuidad imprescindible para salvar, si todavía hubiere tiempo, las diferencias más irreconciliables.

De un lado, Miramar, símbolo de los nuevos ricos que hasta hace poco preferimos ignorar; de otro, La Tinta, esa suerte de Babel marginal en medio de una ciudad que la relega y donde, no obstante, se cuece lo más genuino de la identidad nacional. Dos barrios habaneros, cubanos, que pueden sacudir sus lastres geográficos para aclimatarse cómodamente en cualquier otra urbe del mundo: Londres, Río de Janeiro, París…

Universal como los sentimientos que evoca, Habanastation conmueve sobre todo por la verosimilitud de los diálogos, libres de toda impostura, por la espontaneidad de las actuaciones, por el carisma de esos niños que ya han salido de los cauces de La Colmenita para instalarse, por derecho propio, en la historia del cine cubano.

Ernesto Escalona y Andy Fornaris se echan a cuestas sus personajes como si no estuvieran lidiando con artistas consagrados de la talla de Blanca Rosa Blanco, Luis Alberto García, Miriam Socarrás y Raúl Pomares; de semejante escollo salen airosos, con toda la frescura y el desenfado que solo se tiene en la adolescencia.

Nada sobra en el filme, ni siquiera las lecturas “inofensivas” de la maestra, el comunicado en pleno matutino o las referencias, descarnadas o tangenciales, a problemas acuciantes del cubano de a pie, ese para quien la película es, sin lugar a dudas, el lugar donde reconocerse.

Se agradece hasta el título, derivado del original Pleisteichon cuando la marca se negó rotundamente a que le “cubanizaran” el nombre. Tal percance, que en principio pudo incomodar a los realizadores, terminó enriqueciendo la lectura holística de una obra que propone, de cierta forma, el acercamiento desprejuiciado al juego de La Habana.

Metáfora de una ínsula que se debate en sus propias antípodas, de una nación que no es ni tan idílica ni tan apocalíptica, Habanastation pretende atisbar apenas nuestras circunstancias, y no precisamente la maldita circunstancia del agua por todas partes que inmortalizó Virgilio Piñera, sino las nuestras de cada día, esas que nos han venido amoldando la idiosincrasia durante décadas.

Es una para ver más de una vez, sostengo, una película de culto, como la llamó un colega en un arranque premonitorio que, a juzgar por los cines abarrotados y los premios que ya comienza a recibir, no parece hiperbólico ni sobredimensionado. Y es que, incluso con sus aristas perfectibles, Habanastation nos deja la inexplicable sensación de vulnerabilidad espiritual que se experimenta frente a los clásicos.

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Y bueno seguro que al leer esto todos estan esprando algo caliente (alguna hot story sobre enamorados en el parque de noche), si esos cuentos censurados que andan por ahi por la red, con los que los adolescentes pierden el sueño de noche, esto en la vida real, es una noticia de verdad. A cogerla!:

Uno de los espacios patrimoniales más importantes de Sancti Spíritus cobra vida tras su rehabilitación integral.

Los desvelos del parque Maceo  

“No hay parque en Cuba que se parezca a este, de noche es una belleza, fíjate que en pocos días de estreno las personas que vienen en horario nocturno le dan la vuelta una y otra vez como en los viejos tiempos del Serafín Sánchez”. El septuagenario espirituano contempla también un panorama que cambió el entorno del parque Antonio Maceo o La Caridad, uno de los más visitados de la villa, donde decenas de lugareños hacen de la tertulia de media mañana el pan de cada día.

GÉNESIS Y RENACIMIENTO

Según refiere a Escambray el arquitecto Roberto Vitlloch, director de la Oficina de Monumentos en Sancti Spíritus, los orígenes del parque Antonio Maceo datan de principios de Siglo XVIII, cuando se levanta la Ermita de la Caridad y adquiere el lugar un eminente carácter religioso y social. Con el decurso del tiempo la plazuela fue objeto de varias transformaciones constructivas, aparejadas a hechos de carácter histórico.

A pocos años de su conformación el sitio se convierte en sede nocturna de retretas y competencias de los Coros de Clave, exclusivos de los barrios espirituanos. En 1930 queda constituido allí de forma clandestina el Partido Comunista y en honor a este momento aparece una tarja, mientras que el santuario parroquial tiene el privilegio de registrar la fe de bautismo del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia.

“No sé por qué se mantuvo tanto tiempo en el léxico popular el antiguo calificativo si desde la lejana fecha de 1911 ya tenía el nombre del Titán de Bronce, aunque en su diseño no era Maceo la figura principal. En 1952 se realiza una modificación, se cambia la estatua de lugar y es cuando son ubicados los bancos con la inscripción ‘Parque Maceo, 1953’, de los cuales todavía hoy se conservan algunos”, explica Vitlloch.

El saneamiento total de la zona, que inicia su preparación en el 2008, obliga a eliminar el arbolado y reconstruir un pavimento totalmente deteriorado por las grandes raíces, cambiar farolas, mobiliario, así como ubicar el busto de Maceo en un lugar destacado dentro del entorno como merece la figura del ilustre mambí.

“Es necesario resaltar que esta pieza conmemorativa fue instalada en la segunda mitad del pasado siglo y su ubicación dejaba mucho que desear al encontrarse en el medio del tránsito peatonal interno del parque, no ofrecía una posición integrada al diseño y concepción espacial del parque. Hoy el busto está ubicado, como figura principal, de frente a la calle Independencia y así la Iglesia, que tiene un volumen de edificio muy grande, pasa a un segundo plano con el Maceo delante”, aclara el especialista.

¿RESTAURACIÓN O REHABILITACIÓN URBANA?

Juana Sible camina inquieta de un lado a otro del parque, revisa los bancos palmo a palmo hasta llegar a una conclusión irrefutable: en solo dos días se han roto tres de ellos. Sabe que le espera una tarea fuerte en su función de improvisada guardaparque, por eso se extrema en sus recomendaciones a las personas que acompañadas de niños visitan el lugar.

“No descanso, pero los pequeños, aunque estén a la vista de los mayores, maltratan la jardinería. Lo de los bancos es otra cosa, yo creo que los trajeron rotos”, explica Juana al tiempo que busca lápiz y cartón para indicar cada asiento inservible.

A juicio de Félix Pizarro, subdirector de Inversiones y Floricultura de la Dirección Provincial de Comunales, son las indisciplinas las causantes de tal estrago en muy poco tiempo.

“Son traídos de Placetas y ese mismo productor fabrica los de la mayoría de los parques del país y en otros lugares no están rotos, pero están diseñados para dos o tres personas, y hemos visto hasta cinco en uno de ellos, lo que no quita la posibilidad de revisar el trabajo con los fabricantes. No obstante, para evitar ese tipo de infracción se acordó que mientras no haya custodios, la PNR apoyará, pero no siempre ha sido así”, argumenta el directivo.

La coincidencia de opiniones asegura que el parque luce bien, pero faltó visión a la hora de ir al detalle en la conformación del arbolado y, según el criterio autorizado de Vitlloch, también rondó el fantasma de la chapucería en la rehabilitación integral del espacio.

“¿Qué le faltó? Hubo acciones que pudieron realizarse con mayor calidad; los bancos viejos, que están en la parte externa, por ejemplo, no se repararon y solo se les dio una pinturita, a pesar de que los demás son nuevos y tienen como detalle el escudo de la ciudad para que los distinga un sello espirituano”.

Con más glorias que penas, el parque Maceo es otro y la ciudad logró rescatar una de sus grandes plazas patrimoniales.

Los framboyanes amarillos, robles blancos y majaguas que con timidez reciben hoy a los curiosos que van a “conocer” el nuevo espacio, en meses podrán dar cobija a quienes gustan de la tertulia. Mientras ese momento llega, recostada a uno de los bancos del parque, Aurora, la vecina de la calle Céspedes, sentencia: “ni custodios, ni policías, nadie tiene que venir a cuidar un parque que es de los espirituanos”.

 

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